13 de junio de 2011

A destiempo

Tal en algún momento hayamos dicho cosas que nuestros oídos querían escuchar, pero todos esos palabras de amor fueron a destiempo.
Tal vez hayamos querido amar, y ser amados, proteger y ser protegidos, besar y ser besados. Pero todos esos deseos, por más buenos que hubiesen sido, fueron a destiempo.
Tal vez sentimos, extrañamos, anhelamos, deliramos. Tal vez te haya querido más de lo que tu me pudiste haber querido. Pero siempre fue a destiempo.
Tal vez te quise cuando tu aún no me querías, y llené tu cabeza con cosas que tu no sentías. Te quise en ese momento, cuando era mi tiempo. Pero el amor no entiende de horas, ni minutos ni momentos. El amor ama, y se acongoja cuando no se correspode el sentimiento.
No juzgues mi amor de equivocado, pues te quise con un amor tan perfecto que no sabe cometer errores. Simplemente no era su tiempo. De la misma forma en la que hoy no puedo quererte, porque hoy es tu amor el que está a destiempo.

White flowers

1 de octubre de 2010

Almas gemelas

La inmensidad de la negra noche me recuerda a tus ojos profundos, ojos que no saben mentir. Y después pienso en tu cara, en los hoyitos que se forman de repente en tus mejillas cuando empiezas a reír. Y el imaginar tu sonrisa color de luna me hace sentir feliz.

Y cada vez que yo pienso en ti, puedo sentir tu sangre latir junto a mi. Puedo sentir tus manos frías sobre mis rodillas y tu aliento cálido susurrarme al oído poemas de amor. Cada vez que yo pienso en ti, puedo sentirte junto a mi.
Cada vez que yo pienso en ti, sé que tu también estás pensando en mi.

Cuando veo caer la triste lluvia deslizarse por las líneas de tu cara, mi nube se vuelve gris. Y aunque estemos lado a lado, las palabras sobran, las miradas bastan. No necesito tomarte entre mis brazos y apretarte fuerte para que sepas cuánto te amo.

Cada vez que al caminar frente al mar mis pies rozan suavemente la arena, pienso en ti. Pienso en que tu y yo somos como las olas que rompen contra las cansadas rocas, olas que se alejan pero que siempre regresan atraídas tal vez por las gaviotas. Aguas que vuelven el rumbo, a pesar de haber recorrido otros mares.

Y aún habiendo tantos mares, tantas aguas, tanta tierra que recorrer, hemos venido a cruzar nuestros cauces como si hubiese estado escrito antes de nacer. Cómo si antes de existir te hubiera amado, con un amor infinito que no se compara ni con la inmensidad del mar.

No necesito un beso apasionado. Me basta el romper de las olas y el chasquido del viento. Sé que aunque lejos, en algún lugar nuestros corazones estarán latiendo. 





Sunset At The Stonejug 2

Fotografia original © Róisín NicLochlainn
                                                            

22 de septiembre de 2010

La despedida

Ha pasado el tiempo. Las hojas de otoño han vuelto a caer y las fragantes magnolias han visto su esplendor una y otra vez. Los labios se han desgastado de tanto besar; los cabellos blancos se han vuelto de tanto andar.

Pero tú sigues ahí, con tu sonrisa cálida y limpia como la primera vez. Como si el tiempo y los diluvios no hubiesen mermado en ti.

Te veo y veo en tus ojos la paz que mi alma busca cuando está perdida. Como hoy, que de tanto andar por las calles polvorientas he perdido el rumbo y no encuentro a donde ir.

Pero todo lo encuentro en ti. Como el manantial que sacia mi sed de justicia y mi hambre de libertad. Tú mi eco, tú la voz. Tú que has llegado como las aguas cuando sube la marea. Marea que moja y después se va.

Besos que el viento se ha llevado hasta donde tu estás; palabras que la luna ha susurrado a tu oído, y que aunque pretendes no oír, sabes que es mi corazón quien te habla.

Mírame otra vez con esos ojos de mar, ojos que acarrean historias de puerto en puerto. Háblame de nuevo con esa voz de velero que va de prisa.

Déjame sentir que el mundo se detiene y que nada cambia. Y que aunque los inviernos nos cubran de escarcha, tu sonrisa siempre me llenará el alma.

Déjame atesorar este momento, porque ya no te tendré cuando te vayas.

6 de julio de 2010

Cuestión de honor

¿Qué se hace con lo que no se dice?
¿Qué se dice de lo que no se hace?
¿Qué se gana con lo que se pierde?
¿Qué se pierde con lo que se gana?
¿Qué se siente cuando uno calla?
¿Qué se calla cuando uno siente?
¿Qué se olvida cuando alguien se va?
¿Qué se va cuando a uno lo olvidan?

18 de diciembre de 2009

Disonancias

Las citas en su agenda empezaron a ser diferentes.

Sus encuentros con la estilista, con el masajista, el café con las amigas, empezaron a ser reemplazados poco a poco por eventos menos interesantes.

No hubo más fiestas en las que se echaba la casa por la ventana, ni más regalos costosos; su agenda se llenó de citas con un buen número de caballeros, la mayoría de ellos hombres estudiados, abogados, contadores, y hasta uno que otro jardinero.

Las paredes de su casa se olvidaron de su rastro; no hubo más fotografías ni pinturas que le recordaran a él.
Poco a poco se encargó de deshacerse de su olor, de sus zapatos en el suelo, del vacío que había dejado en su cama.

Habían sido tantos años de vidas compartidas, de platos rotos y ropa sucia. De domingos buenos y lunes malos. De navidades con los suegros y vacaciones en Las Bahamas.

Ella estaría bien, necesitaría tiempo para superarlo. Pero, ¿que sería de los niños? ¿Qué habría de decirles? La verdad, que papá ya no estaba. Que ahora ya estaba en un mejor lugar.

Lástima que aún seguía vivo.


30 de noviembre de 2009

Recuerdos

Con la nariz fría y a la tenue luz de una vela, en esa noche tan negra volví a abrir esa pequeña cajita. Ahí guardaba celosamente todas las cartas que alguna vez me enviaste; cerraba siempre el pequeño cofre con una llave que llevaba siempre al lado de mi corazón, un corazón que como ese cofre, había permanecido sellado.

Sus palabras eran tan dulces, me dije, mientras releía una y otra vez los hermosos versos que alguna vez escribiste para mí. 

Y debo admitir que esa noche, lo único cálido eran las tibias lágrimas que rodaban por mis mejillas. Sí, llore. Lloré y me abracé de la cajita de madera, y maldije al tiempo y te maldije.

Y me maldije a mi, por haber permitido que hoy fueses tan sólo un amargo recuerdo.