12 de abril de 2014

Sin principio


Shakira. Antología. En un café donde no tomo café, sino té. Siempre llevando la contraria. En un café que está vacío, donde pudieran estarse escribiendo historias de amor. Historias de amor que ocurren en realidad, no sólo en mi mente. Historias que tienen un final feliz, o que al menos tienen un final, porque tuvieron un principio. Historias que no sólo son poesía cursi, sino historias que se viven en carne y hueso. Poesía a flor de piel. Pero más que poesía, metros de piel junto a otra piel. Piel que siente, centímetro a centímetro, como un baño de agua caliente sobre la espalda. Y en el sentir se pierde. Y en las historias que se inventan y que duelen hasta la médula de los huesos. En los besos que duelen porque no se dan. En las noches en que no se puede dormir de tanto pensar. Pensar. Y entre tanto pensar lo único que pienso es en cómo me dueles. En cómo te busco y pierdo el tiempo. Y entre tanto amor sin destinatario me pierdo.

22 de marzo de 2014

La ventaja de ser poeta

La ventaja de escribir radica en el hecho de que puedo escribir lo que quiera, cuando quiera.
Puedo escribir lo que siento o lo que no siento.
Puedo escribir de mi vida o inventar mi vida.
Puedo vivir en la dimensión que yo elija y nadie me dice que sentir.
Puedo ser yo o mis otros yos. Puedo amar y dejar de amar al instante.
Puedo crear y destruir, vivir y morir. Puedo vibrar y ser fuego, o apagar y ser lluvia.
Puedo hacer que me ames y vivir mi propia historia de amor.
Puedo trascender el tiempo y pretender que soy eterna.
Puedo tenerte aquí, frente a mí y decirte lo que siento.
 Soy tan libre que lo puedo todo.
Y nadie me dice que no. Y puedo abrazar mi mundo imaginario. Porque todo lo que siento es mío y de nadie más. El hecho de escribir me hace sentir que tengo sangre en las venas y que el universo conspira para que las ideas se vuelvan poemas.
Al escribir puedo ser de todos y de nadie. Porque más que un deseo de volcar el alma sobre el papel, es una necesidad que nadie más entiende, a menos que sea otro poeta. Es una felicidad que inunda, que baña la mente de una sensación de satisfacción y de querer más.

21 de marzo de 2014

La hora de la cena

El reloj la desesperaba con su ridículo tic tac. La habitación se llenaba de un helado silencio, donde lo único que podía oírse era el monótono tic tac. Tic tac. Ella se movía desesperadamente de un lado a otro, poniendo todo en su lugar y colgando las costosas corbatas de seda cuidadosamente. Mariano era un hombre muy estricto y demandaba perfección en todo su hogar.
Tic tac. Y Carmela fregaba con más ahínco. Como si quisiera borrar cada beso, cada recuerdo, cada palabra que le recordase lo feliz que pudo haber sido. Se había decidido a resignarse a su triste miseria, a ser la criada de su marido. A jugar a ser la esposa perfecta, la fina dama, le envidiada señora. A pretender que disfrutaba de la vida con el buen don Mariano. A soportar sus desplantes y su frialdad.
Tic tac, le recordaba el viejo péndulo. Y se acercaban las cinco, y pronto habría de servirse la cena. Una merienda caliente, como las sábanas que jamás vistieron su cama.

20 de marzo de 2014

Poema inconcluso



Y un día mi musa volvió. 

Cuando pensé que ya nunca más podría volver a sacar de mi cabeza esa maraña de ideas enredadas, a volcar mis sentimientos sobre el papel, ella volvió. Sabía que volvería. Mi musa fiel siempre regresa. 

Esta vez se veía diferente. Delicada y violenta, triste y feliz; vestida de un pálido gris de frío día de invierno y con sus cabellos más rojos que un desolado campo de batalla. 

Se dirigió hacia mí con sus pies de seda, me llenó el oído de palabras dulces que los adolescentes enamorados se dicen al partir. Me cubrió de besos tan suaves como la lluvia, me amó con la fuerza de la primavera que apenas despierta. Pero en mi ebrio sueño de amor, entre más la tocaba, más desaparecía. Lo único que conseguí tocar fueron sus cabellos de fuego.

Y mis manos ardieron. Mas fui feliz de poder tenerla una vez más, aunque sólo fuera en mis sueños ebrios de amor. 

Un día volverá, y volverá para quedarse. Haré que me muestre las más profundas cicatrices de su alma, y que me recite sus miedos al oído.  Haré que pinte el amanecer para mí y que cubra el cielo de estrellas al anochecer. Haré que convierta las horas en eternidad. 

Se ha ido, pero me dejó el deseo de nunca volver a esconderme.

Ella volverá. Y cuando vuelva, jamás la dejaré ir.