20 de marzo de 2014

Poema inconcluso



Y un día mi musa volvió. 

Cuando pensé que ya nunca más podría volver a sacar de mi cabeza esa maraña de ideas enredadas, a volcar mis sentimientos sobre el papel, ella volvió. Sabía que volvería. Mi musa fiel siempre regresa. 

Esta vez se veía diferente. Delicada y violenta, triste y feliz; vestida de un pálido gris de frío día de invierno y con sus cabellos más rojos que un desolado campo de batalla. 

Se dirigió hacia mí con sus pies de seda, me llenó el oído de palabras dulces que los adolescentes enamorados se dicen al partir. Me cubrió de besos tan suaves como la lluvia, me amó con la fuerza de la primavera que apenas despierta. Pero en mi ebrio sueño de amor, entre más la tocaba, más desaparecía. Lo único que conseguí tocar fueron sus cabellos de fuego.

Y mis manos ardieron. Mas fui feliz de poder tenerla una vez más, aunque sólo fuera en mis sueños ebrios de amor. 

Un día volverá, y volverá para quedarse. Haré que me muestre las más profundas cicatrices de su alma, y que me recite sus miedos al oído.  Haré que pinte el amanecer para mí y que cubra el cielo de estrellas al anochecer. Haré que convierta las horas en eternidad. 

Se ha ido, pero me dejó el deseo de nunca volver a esconderme.

Ella volverá. Y cuando vuelva, jamás la dejaré ir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario