Marta llega de la escuela con un montón de exámenes para teñir de tachones rojos, y otros tantos papeles arrugados que juegan a ser el intento de tareas atrasadas que por alguna extraña razón el perro no alcanzó a comerse. Regresa con los pies hinchados de tanto andar sobre esos tacones todo el día, y con el humor de un viejo que intenta dejar el cigarro. Si, esos muchachos de hoy son unos malcriados, como la abuela tanto le decía.
A leguas se nota que Marta no es feliz. No la llena ni su triste manera de ganarse la vida ni el infame de Nicolás que todos los días la recibe con un reclamo. Sólo se olvida de su miseria a la hora del guisado. Despacio, como si fuera un arte, mezcla la crema y la mantequilla. Un poco de pimienta por aquí y las cebollas caramelizadas por allá. Esas claras de huevo ya están a punto de turrón. Y le ha dado un sazón a esa sopa que sólo el mismo cielo podría servir de comparación.
Mientras del viejo tocadiscos sale un tango de Gardel, o tal vez una canción de Los Panchos, Marta sueña con el hombre que algún día le despertará las mismas emociones que sólo 'El andariego' le sabe producir.
Pero la abuela siempre tiene la razón. Marta necesita un marido al que pueda cocinarle de cuando en cuando sus famosos chiles en nogada. Marta necesita a alguien, y olvidarse de ese infame gato que no hace más que recibirla con reclamos cada vez que llega del trabajo.
Bellísima, me recuerda a un escritor que tenemos aquí en Brasil, qu me encanta, llamado Lygia Fagundes Telles, el sabor de su simple y cativande escribir..... from Breno Barbim (twitter follower) ;-)
ResponderEliminarUna maestra solterona, cuarentona, que quiere dejar de fumar y con un gato de mascota?
ResponderEliminarTal vez la aceptaría yo.. aunque del gato, no prometo nada..
Gracias por sus comentarios, chicos :)
ResponderEliminarCasos como este hay a millones, todos necesitamos más compaía que un simple gato.
ResponderEliminar